Por: Alfredo Colque Machicado.

El inicio de la producción comercial regular de los pozos CHU-X2 y CHU-X3D del campo Churumas ha sido recibido por el Gobierno nacional y YPFB como una bocanada de aire fresco frente a la preocupante declinación de la producción hidrocarburífera del país y no es para menos ya que este campo tiene un potencial estimado de 230 billones de pies cúbicos (BCF) de gas y una proyección de producción superior a los 20 años, de aproximadamente 21 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), es decir que este proyecto operado por YPFB Chaco, Churumas representa una nueva fuente de producción de gas para Bolivia y potencialmente, una importante inyección de recursos para Tarija.

Pero detrás del optimismo técnico y económico aparece una pregunta que Tarija ya no puede seguir esquivando, ¿Quién se beneficia realmente de la riqueza que se extrae de cada territorio? Porque Churumas tiene una particularidad que vuelve inevitable este debate, el gas se encuentra en el municipio de Padcaya, provincia Arce, pero el actual esquema de distribución de las regalías departamentales destina el 45% correspondiente al departamento de Tarija al Gran Chaco.

Esta aberración económica es el resultado directo de la intocable «Ley del 45%», un candado normativo obsoleto que condena al resto de las provincias tarijeñas a la miseria, ya que mientras el Chaco goza de un blindaje presupuestario desproporcionado percibiendo de forma automática y por derecho legal pero ilegítimo el 45% de todas las regalías departamentales generadas en Tarija, sin importar en qué rincón del mapa se perfore el pozo, el resto de las provincias y municipios se quedan mirando con los bolsillos vacíos, como sucederá en el Municipio de Padcaya con el campo Churumas.

Y eso no es justo, por eso Tarija necesita una política hidrocarburífera que mire hacia adelante, porque no podemos seguir administrando la riqueza del gas como si todavía viviéramos en la época de los megacampos, hoy cada molécula de gas tiene mayor importancia económica y cada boliviano de regalías debe ser utilizado con mayor eficiencia y justicia territorial.

La Asamblea Legislativa Departamental de Tarija tiene aquí una responsabilidad histórica, no puede limitarse a administrar el conflicto ni esperar que el problema desaparezca, al contrario, tiene la obligación de abrir un debate serio, técnico y jurídico sobre la distribución justa de las regalías hidrocarburíferas y encontrar un mecanismo que permita que los territorios productores reciban una participación acorde con la riqueza que generan.

Y ojo con esto, no se trata de atacar la autonomía del Chaco, sino de frenar un saqueo institucionalizado entre hermanos, porque una cosa es defender la autonomía regional del Gran Chaco y otra muy diferente es negar la necesidad de revisar un modelo injusto de distribución frente a una nueva realidad productiva y Churumas puede convertirse en una oportunidad para Tarija, pero también puede convertirse en el símbolo de una contradicción que ya no podemos ignorar: producir la riqueza en un territorio y distribuirla sin reconocer suficientemente el territorio que la genera.

Si el gas se extrae de Padcaya, en el entorno de Tariquía, Padcaya no puede ser el último territorio en beneficiarse de esa riqueza, Tarija necesita reglas que permitan que la explotación de sus recursos naturales genere desarrollo allí donde se produce, sin romper la solidaridad departamental, pero tampoco sacrificando a unos territorios en beneficio de otros, porque las regalías no deberían ser solamente una cifra en un presupuesto, no olvidemos que detrás de cada pozo hay un territorio, una población y una responsabilidad y si queremos construir una Tarija verdaderamente autónoma, equilibrada y solidaria, ha llegado la hora de discutir, sin miedo y sin intereses políticos, si el 45% debe seguir siendo intocable.