¿Y SI APRENDEMOS A ESCUCHAR A LA NATURALEZA?

La Ecosofía y la necesidad de volver a vivir en armonía con nuestro entorno

Prof. Lidia Liliana Altamirano

Hablar de Ecosofía es hablar de la vida, porque nuestra vida depende directamente de la naturaleza, necesitamos de ella para alimentarnos, respirar, tener agua y vivir. Sin embargo, muchas veces nos preocupamos más por obtener beneficios económicos que por pensar en lo que estamos haciendo con el lugar donde vivimos.

La Ecosofía puede entenderse como la “sabiduría de la naturaleza” nos invita a reconocer que la naturaleza también tiene mucho que enseñarnos y que, de alguna manera nos muestra cuando algo no está bien, el problema es que muchas veces estamos tan ocupados con nuestras propias necesidades que dejamos de escuchar esas señales.

No somos algo separado de la naturaleza, somos parte de ella, por eso cuando contaminamos un río, destruimos un bosque o dañamos la tierra, también estamos afectando nuestra propia vida, la naturaleza nos da alimento, agua y un lugar donde vivir; nosotros también tenemos la responsabilidad de cuidarla.

Esta forma de entender la vida puede verse en los pueblos indígenas, especialmente en el pensamiento andino, donde la naturaleza es considerada parte de la vida y no simplemente un recurso para obtener beneficios existe una relación basada en la reciprocidad: se recibe de la tierra, pero también se agradece y se devuelve.

Aquí existe una gran diferencia con la forma en que muchas veces vemos actualmente la naturaleza, cuando la consideramos solamente como un recurso económico, dejamos de verla como parte de nuestra propia existencia. Un bosque deja de ser un espacio de vida y se convierte solamente en madera; la tierra deja de ser fuente de alimento y pasa a ser únicamente un medio para producir.

La Ecosofía nos invita a cambiar esa manera de pensar y a recuperar una relación más respetuosa y armónica con nuestro entorno. No significa dejar de utilizar los recursos naturales, sino aprender a hacerlo con responsabilidad, entendiendo que no son infinitos y que también debemos pensar en quienes vivirán después de nosotros.

Desde la fe cristiana también encontramos una responsabilidad hacia la creación. En “Génesis 1:26-30” Dios entrega al ser humano el dominio sobre la creación, pero ese dominio no debería entenderse como permiso para destruirla, sino como una responsabilidad de cuidarla; si todo fue creado por Dios, entonces también debemos aprender a respetar y proteger aquello que nos fue confiado.

Quizás necesitamos aprender nuevamente algo que nuestros antepasados comprendían mejor: vivir de la naturaleza no significa vivir contra ella. La verdadera armonía aparece cuando entendemos que todo lo que recibimos también merece ser cuidado.

Al final, la Ecosofía nos deja una pregunta sencilla, pero muy importante: ¿qué relación queremos tener con la naturaleza? Podemos seguir viéndola como algo que está a nuestro servicio o comenzar a reconocer que somos parte de ella. Porque cuidar la naturaleza no es solamente cuidar nuestro entorno; es cuidar nuestra propia vida.