Redacción Central/El Andaluz
La promesa rota de Rodrigo Paz de no acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) ha quedado al descubierto: su Gobierno negocia en secreto un programa de financiamiento de hasta 3.300 millones de dólares, según reveló el medio especializado Bloomberg. La noticia, basada en fuentes familiarizadas con las negociaciones, desmorona el discurso de «estabilidad alcanzada» del Ejecutivo y confirma que el país se enfrenta a «desequilibrios macroeconómicos profundos», al punto de requerir un rescate condicionado a «reformas estructurales» y una inminente devaluación de la moneda.
Una negociación a espaldas del país
Según el reporte de Bloomberg en Línea, funcionarios del Gobierno boliviano y personal del FMI discuten un acuerdo de mediano a largo plazo conocido como Facilidad Ampliada del Fondo (EFF). Este tipo de programa no es para crisis menores; está diseñado para países con graves problemas de balanza de pagos y riesgos de insostenibilidad, como lo señala el analista Stasiek Czaplicki.
«Acceder al Servicio Ampliado del FMI (…) obliga a preguntarse si el discurso oficial sobre la supuesta salida de la crisis refleja la realidad completa», advierte Czaplicki.
Las negociaciones, que según las fuentes de Bloomberg son privadas, se centran en las duras condiciones que Bolivia deberá cumplir. La más sensible: «una devaluación de la moneda es una parte central de las acciones previas solicitadas por el FMI para un programa». A esto se suma el compromiso de implementar «reformas estructurales» para garantizar la sostenibilidad fiscal.
La promesa olvidada y la pérdida de legitimidad
La decisión de recurrir al FMI es una traición directa a una de las promesas explícitas del presidente Paz durante su campaña. «Es una decisión con consecuencias de largo plazo, adoptada por un Gobierno que fue elegido con la promesa explícita de no acudir al FMI, lo que quita mucha legitimidad a esta medida», subraya Czaplicki.
El analista va más allá, señalando que el mandatario hoy está «cumpliendo promesas ajenas (las de Tuto y Samuel) y dejando de lado las propias», como el mantenimiento del subsidio a los combustibles, que fue eliminado drásticamente.
Una montaña de deuda en un escenario de recesión
Este nuevo crédito se sumaría a los $us 8.000 millones ya anunciados con el BID y la CAF, lo que representa un «incremento sustancial del endeudamiento externo en un período muy corto». «En menos de tres meses se están prestando lo que el MAS se prestó en 19 años», alerta Czaplicki.
El escenario es aún más sombrío si se considera la proyección del Banco Mundial, que estima que la economía boliviana sufrirá un decrecimiento del -1,1 % este año, profundizándose a un -1,7 % el siguiente.
«Pensar que un programa de 3.300 millones de dólares revertirá por sí solo esa tendencia estructural es, como mínimo, demasiado optimista», advierte el analista. Con un Gobierno que, según Czaplicki, «miente incluso sobre la calidad del combustible», la falta de transparencia sobre las condiciones de este nuevo endeudamiento y su verdadero impacto en la economía boliviana genera la máxima incertidumbre.






