Prof. Lidia Liliana Altamirano

Vivimos en un tiempo donde parece que todo gira alrededor de las notas, los títulos y el éxito. Muchas veces se piensa que una persona educada es la que sabe mucho, pero yo creo que la verdadera educación va mucho más allá de memorizar contenidos o sacar buenas calificaciones.

Para mí, una educación sin valores está incompleta, no basta con aprender matemáticas, historia o ciencias si al mismo tiempo no aprendemos a respetar a ser honestos, ayudar a quien lo necesita o a tratar a los demás con empatía. Al final esos son los aprendizajes que realmente nos acompañan durante toda la vida.

Los valores no deberían enseñarse sólo en una materia o cuando surge algún problema, tendrían que estar presentes en cada momento, porque se aprenden con el ejemplo, con las pequeñas acciones de todos los días y con la forma en que convivimos con quienes nos rodean, un simple “gracias” pedir perdón cuando nos equivocamos o escuchar con respeto también son formas de educar.

También pienso que la familia y la escuela tienen una responsabilidad compartida. Cuando ambos transmiten los mismos principios, es más fácil que los niños y jóvenes crezcan entendiendo que el respeto, la solidaridad y la responsabilidad no son solo palabras bonitas, sino valores que se viven día a día.

Hoy vemos con frecuencia situaciones de violencia, intolerancia y falta de respeto. Eso nos hace reflexionar que quizá nos hemos preocupado demasiado por enseñar conocimientos y muy poco por formar personas con principios. Los conocimientos ayudan a conseguir oportunidades, pero son los valores los que nos enseñan a hacer un buen uso de ellas.

Estoy convencida de que una persona con valores siempre dejará una huella positiva donde esté. Los conocimientos pueden olvidarse con el tiempo o actualizarse, pero el respeto, la honestidad, la humildad y la solidaridad permanecen y hablan de quiénes somos.

Por eso creo que la educación y los valores nunca deberían ir por caminos separados. Cuando ambos se unen, no solo forman personas preparadas, sino también personas conscientes, responsables y capaces de construir una sociedad mejor. Después de todo, el mundo necesita más personas con buenos principios que personas con muchos títulos, pero sin valores.