Redacción Central/El Andaluz
El presidente Rodrigo Paz promulgó la Ley N.º 1709, una norma «anti-fuga» que amplía de tres a seis meses la permanencia obligatoria en el país para todas las exautoridades, desde presidentes hasta alcaldes. La medida, aprobada de forma exprés en la Asamblea Legislativa, busca garantizar la rendición de cuentas y evitar que exfuncionarios eludan investigaciones por corrupción. Sin embargo, la promulgación se produce en un contexto de creciente crítica a su gestión, con analistas como María Teresa Zegada y Horst Grebe advirtiendo sobre la debilidad estructural, la falta de una estrategia clara y la preocupante fragmentación de su propio frente político.
La Nueva Ley «Anti-Fuga»: Seis Meses de Arraigo Obligatorio
La nueva Ley N.º 1709, sancionada en una sesión virtual del Senado este sábado, modifica la Ley 1352 y duplica el tiempo que las exautoridades deben permanecer en Bolivia tras cesar en sus funciones. La obligación alcanza a todo el espectro de poder: Presidente, Vicepresidente, ministros, gobernadores, alcaldes, asambleístas, concejales y las máximas autoridades ejecutivas de empresas públicas.
El objetivo, según el texto, es que puedan «rendir los informes que se requieran a las autoridades entrantes» y prever eventuales responsabilidades penales. La rapidez de su tratamiento y promulgación sugiere una respuesta política a la necesidad de mostrar mano dura contra la corrupción, en un intento de diferenciarse de gestiones pasadas.
Una Gestión Débil y sin Estructura Partidaria Sólida
A pesar de gestos como la ley «anti-fuga», los primeros tres meses del gobierno de Paz son vistos con preocupación por analistas. La socióloga María Teresa Zegada, en una entrevista con La Razón, señaló que la principal debilidad del Ejecutivo es su falta de una estructura partidaria cohesionada.
«La opción que apareció con el PDC en su momento no tiene por detrás una estructura partidaria sólida. Eso está pesando muchísimo», advirtió. La prueba más evidente de esta fragilidad, según Zegada, es la ruptura con el vicepresidente Edmand Lara. «El hecho de que el vicepresidente se haya declarado como opositor al gobierno, es una muestra de que no había factores realmente de cohesión en su momento», afirmó. Esta fragmentación interna complica la capacidad del Gobierno para aprobar leyes estructurales en un parlamento ya de por sí dividido.
Aciertos Tácticos, pero sin Estrategia de Fondo
En el plano económico, el analista Horst Grebe López reconoce «logros importantes» en la gestión de Paz, como la supresión de las colas para el combustible y la reducción del dólar paralelo. Sin embargo, fue contundente al señalar la principal carencia: la falta de una visión a largo plazo. «Las medidas que se han adoptado son parciales, y son piezas que todavía no encuentran su ubicación coherente dentro de una visión y un planteamiento de largo plazo», advirtió Grebe en La Razón. Criticó que el Gobierno opere con «cuatro o cinco fórmulas retóricas» en lugar de presentar una estrategia de desarrollo integral. Mientras el presidente promulga leyes para controlar a las futuras exautoridades, su propia gestión es cuestionada por la falta de un plan claro y por una debilidad política que lo hace vulnerable a la presión social y a la fragmentación de su propia alianza, dejando al país en un estado de transición incierta.






