Era poco antes del mediodía del pasado 4 de marzo, cuando la tranquilidad del barrio Bolívar, se quebró de golpe. Paola (nombre ficticio para proteger la identidad de la víctima) estaba en su casa, como cualquier mañana de fin de semana.

De pronto entró Luis, su esposo, con el aliento cargado de alcohol y los ojos enrojecidos por algo que ya venía rumiando desde antes: celos. La discusión empezó con insultos bajos, palabras soeces que rebotaban en las paredes del cuarto pequeño.

Paola intentó calmarlo, pero él no escuchaba, pues este la agarró fuertemente del brazo izquierdo, la levantó del suelo como si fuera un trapo y la lanzó con fuerza contra la cama.

El impacto fue seco, por lo que ella cayó mal, sobre el mismo brazo que él acababa de fracturar. Un grito agudo rompió el silencio del barrio. El dolor fue inmediato y brutal. Algo dentro del hueso se había quebrado.

La víctima apenas pudo levantarse con el brazo colgando inerte y el cuerpo temblando, vecinos la ayudaron a llegar al Hospital Virgen de Chaguaya.

Eran las 12:50 cuando el personal de emergencias la recibió y un médico de la salas de emergencias la examinó y confirmó lo que ella ya sentía: fractura interna del húmero en el brazo izquierdo.

No era una simple luxación; era una lesión grave que requeriría inmovilización, posiblemente cirugía y semanas de recuperación.

A las 13:00 horas, mientras Maribel aún esperaba en la sala de emergencias con el brazo entablillado y el rostro pálido, apareció Luis en el hospital. Tal vez venía a disculparse, tal vez a controlar la situación. No tuvo tiempo. Personal de la FELCV, alertado por el parte médico de sala de emergencias, ya estaba en el lugar. Lo aprehendieron en el acto.

La denuncia se abrió de oficio, como marca la Ley 348 cuando hay lesiones visibles y riesgo para la víctima.

El caso quedó registrado como violencia familiar o doméstica (física), por lo que el sindicado de 30 años, fue trasladado a celdas mientras se activaban las medidas de protección para Maribel: orden de alejamiento inmediato, prohibición de acercamiento y seguimiento psicológico; además que fue cautelado y detenido preventivamente.

Hoy,  Paola sigue con el brazo enyesado y el recuerdo fresco y espera que el agresor sea condenado.