Por: Anel Aguirre Rivera /El Andaluz

El río Guadalquivir, recurso hídrico y corazón cultural de la ciudad de Tarija, se encuentra en una encrucijada ambiental que exige acciones inmediatas. Tras una década de seguimiento a la auditoría ambiental iniciada en 2016, la Dirección de Medio Ambiente del Municipio ha fijado una meta ambiciosa; Lograr que el afluente pase de la alarmante Categoría «D», el nivel más bajo de calidad hídrica a la Categoría «C».

Boris Fernández, director de Medio Ambiente del municipio, explicó que este proceso es fruto de un trabajo coordinado entre diversos niveles de gobierno y entidades como el gobierno municipal, la OTN, Cosaalt, y la Gobernación. Aunque se han registrado descensos en algunos parámetros contaminantes en ciertos tramos, la situación general sigue siendo delicada.

Existen focos rojos y fauna en resistencia, la realidad del río es heterogénea, por lo tanto, el río es una mezcla de esperanza en unos tramos y crisis en otros. Según informó, el punto más crítico se localiza en la zona de El Temporal. En este sector, el cruce y la descarga directa de las lagunas de oxidación elevan los niveles de contaminación a sus puntos máximos, convirtiéndolo en el tramo más vulnerable de la cuenca.

Pese a este panorama, la naturaleza muestra señales de resiliencia, en las zonas altas o alejadas de la mancha urbana, los peces están volviendo a reproducirse, se ha notado el retorno de especies en zonas donde los niveles de contaminación han bajado, se ha vuelto a observar fauna piscícola, algo que no ocurría en años anteriores.

Debido a la recuperación de algunos peces, se ha detectado a personas realizando pesca, actividad que junto con el riego permanece estrictamente prohibida por norma debido a los riesgos sanitarios.

Los residuos industriales, especialmente de curtiembres continúan siendo un factor de presión, ya que muchas, aún luchan por ajustar sus vertidos químicos a los límites permisibles.

«La meta es clara: Bajar a Categoría C, pero esto requiere controles estrictos sobre los productos químicos y las inversiones de las empresas locales», enfatizó Fernández.

En definitiva, dijo que el río Guadalquivir es el termómetro que nos indica qué tan sana o enferma está la organización y gestión como sociedad. El agua contaminada, indica que algo anda mal en la gestión de residuos, en las leyes y hasta en la educación ambiental. En pocas palabras el Guadalquivir refleja “lo que somos”.

Si el río está descuidado, es una señal de que, como sociedad se ha priorizado otras cosas por encima de la vida y el medio ambiente.

El éxito de la transición de categoría depende de la voluntad política y la conciencia ciudadana, lograr que sus aguas vuelvan a ser sinónimo de vida es el principal indicador de que las políticas públicas y la conciencia ciudadana están dando resultados.

“Más allá del cumplimiento de la norma ambiental, rescatar el río que nos da identidad, representa saldar una deuda con las futuras generaciones, transformando nuestro principal ícono natural de un recuerdo del pasado en un legado vivo”, señaló Fernández.

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